A propósito de la presa y embalse de la Serena, uno de las expresiones más usadas cuando se habla de ella es el de obra faraónica.
Es evidente que el adjetivo parece usarse con cierta carga peyorativa,
pero es curioso que el uso del mismo se asocie en muchos casos a las obras
hidráulicas (y no solo a las presas) como medio de caracterizar un inadecuado (por
lo excesivo) dimensionamiento.
En efecto, algo faraónico (salvo que esté situado en Egipto
y se pueda datar en qué período dinástico se construyó) entendemos que es algo
de un tamaño enorme, a veces monstruoso y desde luego inapropiado.
Curiosamente el Diccionario de la Real Academia, sólo admite dos
acepciones.
faraónico, ca.
Ninguna de las cuales tiene esa connotación negativa, que
sin embargo el uso común sí parece darle
En ese uso común, de una obra de tamaño ajustado a sus
objetivos o requerimientos, diremos que es proporcionada o de tamaño apropiado,
para diferenciarla de la excesiva o desabridamente grande, a la que habremos
catalogado (ya hemos visto que equivocadamente) con el molesto adjetivo arriba
repetido.
¿Qué sucede en la otra parte del espectro?
La palabra “pequeña”, desde la publicación del ensayo de
Schumacher de 1973 Lo pequeño es hermoso: Economía como si la gente importara,
tiene una connotación muy favorable en el ámbitos de la obra hidráulica (una
pequeña rectificación del cauce, una pequeña presa, una pequeña actuación,
etc.) derivada probablemente de su apropiación y utilización sistemática por
parte de los colectivos de defensa del medio ambiente.
Otra vez el diccionario desmiente al común.
pequeño, ña.
(Voz expr., común a todas las lenguas romances).
2. adj. Dicho de una persona, de un animal o de una cosa: Que tiene poco o
menor tamaño que otras de su misma especie.
¶ MORF. sup.
irreg. mínimo.
Claramente las connotaciones son más negativas
(sorprendentemente, ¿no?) que las del otro adjetivo analizado.
Hechas estas consideraciones acerca de los adjetivos
referentes a los tamaños de las obras hidráulicas y puesto que está claro que
la utilización común parece matizar (de manera algo virada, a mi juicio) la
interpretación correcta (que, claro está, es la del DRAE), y temiendo que a
pesar de esta demostrada incorrección en el uso, las vamos a seguir utilizando,
se podrían proponer para el uso común
dos secuencias para calificar el tamaño de las obras hidráulicas, según que su
tamaño se ajuste (o no) a los objetivos que la justifican (evidentemente las
injustificables bastante tiene con serlo, no necesitan más vilipendio).
Así la secuencia de adjetivos favorables: grande o pequeña. Y la de desfavorables o peyorativos: faraónica o ¿enana?. Según el DRAE:
enano, na.
(Del lat. nanus, y este del gr. νᾶνος).
1. adj. Diminuto en su especie.
2. m. y f. Persona que padece enanismo.
3. m. y f. Persona de estatura muy baja.
5. m.
Personaje fantástico, de figura humana y muy baja estatura, que aparece en
cuentos infantiles o leyendas de tradición popular.
Con el inesperado (aunque espero que demostrado) resultado
de que con el DRAE en la mano lo que creíamos era un adjetivación desfavorable
no lo es tanto y la favorable lo parece menos.

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