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A principios del año
1990, entre los “dientes de perro” pizarrosos de la Serena y la Siberia
extremeñas, en el curso del río Zújar, surge imponente una obra de ingeniería
hidráulica que es modelo en su género tanto desde el punto de vista conceptual
como constructivo: es la recién inaugurada presa de La Serena, que se ubica en
lo que era el vaso del embalse del Zújar.
Se configura como un
elemento clave del modélico proceso de regulación hidráulica que por parte de
la Confederación Hidrográfica del Guadiana se está llevando a cabo en las
cuencas del Guadiana y del Zújar en Extremadura. Este grandioso embalse con una capacidad de
almacenamiento de unos 3.200 Hm3, se constituye como un reservorio de vital
importancia en la regulación de recursos hídricos para subvenir a las demandas
de agua con destino a diferentes usos en el sur extremeño.
No faltaban detractores de esta obra que argumentaban, más tarde darían marcha atrás ante la evidencia de los acontecimientos, que ese embalse nunca llegaría a llenarse. Ignoraban que en la Confederación existían datos de bastantes años atrás que medían las aportaciones del Zújar en ese punto y que aseguraban su llenado si el régimen de las mismas era el normal de la serie, como así sucedió una vez superada la sequía extrema que azotó a la cuenca en los años 1992 - 1995.
No faltaban detractores de esta obra que argumentaban, más tarde darían marcha atrás ante la evidencia de los acontecimientos, que ese embalse nunca llegaría a llenarse. Ignoraban que en la Confederación existían datos de bastantes años atrás que medían las aportaciones del Zújar en ese punto y que aseguraban su llenado si el régimen de las mismas era el normal de la serie, como así sucedió una vez superada la sequía extrema que azotó a la cuenca en los años 1992 - 1995.
Uno de los usos a los
que se destinarían los recursos regulados en La Serena sería el regadío puesto
que el agua conducida a través de una nueva infraestructura como era el futuro canal
de Barros, sería utilizada para transformar en riego amplias superficies de
tierras que se extendían en una franja de este a oeste de la provincia pacense
entre Villanueva de la Serena y la ribera de Olivenza.
Corría el año de 1986 y
por entonces yo era funcionario del IRYDA (Instituto Nacional de Reforma y
Desarrollo Agrario) organismo que junto con la Confederación formaba parte de
una Comisión Técnica Mixta constituida entre los Ministerios de Obras Públicas
y Agricultura que se encargaría de estudiar la viabilidad de las futuras zonas
regables que se abastecerían, con agua de La Serena, por el canal de Barros que
por entonces era una línea en un mapa. Hoy sigue siéndolo pero ya explicaremos
por qué más adelante.
El IRYDA recibió el
encargo de esta Comisión Técnica, de la que yo era vocal, para llevar a cabo
los estudios de aptitud de tierras para el riego que permitieran delimitar las
posibles zonas regables y su extensión. En principio y en función de los
recursos hídricos regulados se estimaba un máximo de unas 70.000 ha de futuras
tierras regables.
Junto con D. Joaquín Bardají,
Jefe de Suelos del IRYDA que era un especialista de primer nivel, tuve el honor
de ser designado para codirigir estos estudios. Él aportaría la referencia
nacional y yo la regional. Seguíamos la metodología del USBR (United States
Bureau of Reclamation) cuya sistemática aplicaríamos en dichos trabajos.
Comenzamos con un
estudio de reconocimiento detallado a escala 1:50.000 de una superficie de
176.000 ha que se extendía desde los términos de Villanueva de la Serena y La
Haba, hasta la ribera de Olivenza.
Ya desde el principio
vislumbramos la existencia de tierras de elevado potencial para la
transformación en riego de la zona estudiada, que se ubicaban tanto en las suelos
francos y franco arenosos de las formaciones aluviales de los cursos de agua
que atravesaban la misma, como en los interfluvios en donde se encontraban
suelos muy fértiles derivados de la marga caliza cuyo inconveniente, por poner
alguno, era su elevado contenido en arcilla y por esta causa eran conocidos
como “tierras de barros”.
Posteriormente sobre
las tierras aptas en este primer estudio diseñamos otros de nivel semidetallado
a escala 1:25.000 sobre cuatro subzonas (Zújar – Matachel, Matachel –
Guadajira, Guadajira – Limonetes y Limonetes – Ribera de Olivenza) con el
objetivo de delimitar con mayor precisión las tierras regables. Estos estudios
quedaron terminados y arrojaron una superficie de posible riego de más de
60.000 ha.
Problemas
presupuestarios y el eterno temor reverencial de las autoridades españolas a
plantear nuevas zonas regables a la UE - este error ya lo pagaremos antes o
después, si es que no lo estamos pagando ya - hizo que se aparcara el canal de
Barros y posteriormente se buscasen soluciones alternativas desde la presa del
Golondrón y desde las de Alange y Villalba, proyectos que continúan en estudio,
pero con una superficie a regar sensiblemente menor. Alrededor de 20.000 ha de
riego localizado.
No obstante el canal de
Barros, redimensionado, se mantiene, eso sí tímidamente, como posible alternativa
en el programa de medidas del Plan Hidrológico de la Demarcación Hidrográfica
del Guadiana aprobado en el año 2013, por si no fuera posible la construcción
de la presa del Golondrón que tiene problemas medioambientales, con la misión
complementaria además de interconectar el embalse de la Serena con el de
Villalba y así asegurar desde este último el abastecimiento a las poblaciones
de la zona sur de Badajoz, si tampoco fuera posible construir la presa del Bujo
que a su vez puede presentar problemas ambientales. ¡Siempre se interpone el
medio ambiente, hasta para dar de beber a los ciudadanos!
El agua de La Serena
conducida por el canal de Barros cumpliría a su vez otras funciones muy
interesantes. Al estar dicho canal en cota superior a la ya transformada zona
regable del Zújar, con cerca de 23.000 ha de riego presurizado, permitiría
abastecer a esta zona desde Barros y disminuir hasta prácticamente anularlo su
coste energético cada vez más elevado, que se ha vuelto insoportable para los
regantes desde la derogación de las tarifas eléctricas especiales para riego
acontecida en el año 2008.
Por otro lado los
recursos hídricos regulados en La Serena han servido para asegurar el
suministro de agua a varias mancomunidades que abastecen a importantes núcleos
urbanos de la provincia pacense entre otros la conurbación Don Benito – Villanueva
de la Serena.
Y también ha cumplido
una función fundamental como es la de interconexión de las cuencas del Zújar y
del Guadiana a través del túnel reversible que años después construiría la
Confederación y que uniendo los embalses del Zújar, contraembalse de La Serena,
y el de Orellana permite una mayor flexibilidad y una mejor explotación de los
recursos hídricos de la totalidad del sistema.
De igual modo los
recursos de La Serena son utilizados para la producción de energía
hidroeléctrica en sus centrales a pie de presa, así como para usos turísticos,
de ocio y paisajísticos.
Todo ello me ha llevado a calificar al agua de
La Serena como un agua multiusos: sirve para asegurar el abastecimiento urbano
de muchos núcleos pacenses y alguno cacereño de la cuenca, aumentar nuestras
superficies de riego, asegurar agua para suministros industriales, entre otros
las numerosas plantas termosolares previstas, actualmente en proceso de
congelación, generar energía hidroeléctrica a pie de presa y asegurar la
flexibilidad en la explotación del sistema con sus interconexiones: la actual reversible
ya realizada con el Guadiana en el embalse de Orellana y la posible con el
embalse de Villalba a través del canal de Barros que serviría también para
reducir al mínimo los costes energéticos en la zona regable del Zújar. Por otra
parte esa agua embalsada se utiliza también para usos turísticos, de ocio y
paisajísticos.
En conclusión, por los múltiples objetivos que
ha cumplido y todavía puede cumplir, considero que la construcción de la presa
de la Serena fue un acierto y hay que felicitar por ello a la Confederación
Hidrográfica del Guadiana y a todos los que la hicieron posible con su trabajo
y esfuerzo, en esta efeméride del 25 aniversario de la entrada en servicio de este
emblemático embalse.


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