Al hilo de la reciente demolición de una presa en la cuenca
del Tajo, se han producido diversas manifestaciones del estilo de “el río va a volver a respirar”, otras favorables a la demolición porque el “efecto ambiental negativo como barrera
ecológica” de la presa, …que dificulta el tránsito de distintas especies de
peces, y por el peligro de arrastre de lodos y “la consiguiente contaminación”
aguas abajo…, y en general, tanto desde la Administración Hidráulica como
desde las asociaciones de defensa del medio ambiente se ha reseñado la
favorabilísima consecuencia de devolver el río a su estado prístino anterior
(bueno, también se van a plantar unos árboles que permitirán disponer en su
momento de un bosque de galería o de ribera, según las fuentes, que tampoco
sabemos si estaba ahí antes).
Aparte de disquisiciones acerca de que la presa estaba en
desuso y de que al parecer almacenaba unos lodos químicamente inapropiados (que
provienen de actividades ganaderas, a Dios gracias no los ha generado el
embalse) y de que tenía alguna avería de difícil o imposible reparación (también
varía la apreciación según las fuentes)
el motivo de la demolición es recuperar el estado anterior del río y permitir entre
otra serie de cosas que los peces vuelvan a transitar por el río (bueno otros
peces diferentes a los que ha habido que evacuar para poder realizar la demolición
sin que pasaran a mejor vida).
Me sospecho que la actuación, llevada a cabo y financiada por
la CHT (es decir por todos nosotros), está plenamente justificada, máxime si
como parece deducirse de las informaciones aparecidas en prensa el presunto
propietario (¿la Diputación de Madrid?) se llamaba a andana y no quería hacerse
responsable. También estoy seguro de que los dos millones de euros (las fuentes
varían desde el millón y medio a los dos millones y medio, cogeremos la media)
que cuesta el proceso, no son suficientes para poner la presa en las
condiciones de seguridad y salubridad requeridas.
Lo que no tengo tan claro es que las condiciones óptimas del
río Cofio sean las del año 1968 (que es al parecer cuando se construyó la presa)
ni que las modificaciones que las plantaciones y demás gabelas a implantar
produzcan lo dejen en el mejor estado posible.
Mi escepticismo se basa en que la fijación de la fecha de
referencia (justo antes de que existiera la presa) como la del objetivo
ambiental óptimo es absolutamente
arbitraria, guiada por el mismo irracional pensamiento del que nos advertía el
clásico ya en la baja Edad media:
…cuán presto se va el
plazer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor…
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
fue mejor…
En efecto, esa sobrevaloración del pasado selectivo se da
solo en determinados ámbitos dela vida (y concretamente en las valoraciones
ambientales de las consecuencias de las obras, singularmente las hidráulicas).
A nadie se le ocurriría añorar los tiempos en que las viviendas se iluminaban
con velones o quinqués de petróleo, pero a algunos no parece que les importe
recorrer el camino que lleva a las riberas de unos ríos prístinos y preciosos
para recoger (si es que la hay) a cubos el agua necesaria para su actividad
diaria y llevársela a casa.
Insisto. Seguro que la presa de Robledo de Chavela está bien
demolida, pero permítanme derramar una lágrima y declarar que el 29 de
septiembre de 2014 fue para mí un día triste.

Me parece una entrada desacertada y basada en un profundo desconocimiento. Usted se apena por la demolición de una infraestructura que lleva 20 años en desuso y que ha provocado hace poco la suelta de lodos contaminados al río.
ResponderEliminarDemuestra usted tener unos conocimientos muy limitados, o inexistentes, de lo que era el río Cofio antes de la construcción de ese embalse.
Debería de informarse de que la función que cumplía esa presa la hace desde hace ya un tiempo el embalse de La Aceña, en un afluente de el Cofio. Y de que cuando se construyó la presa demolida ahora, acabó con los mejores lugares de freza que tenían el barbo y la boga, ahora en grave problema de desaparición. Si se hacen bien las cosas, ahora volverán a reproducirse donde deben.
Pero claro, a usted no le importa esto. Le importa el hormigón a discreción y seccionar los ríos, a veces mucho más de lo necesario. Usted debe pensar que un río es una tubería para que la maneje a su antojo. No señor, el río es otra cosa.
Agradezco la aportación porque el blog sirve para este tipo de debates.
ResponderEliminarLa pena es una emoción, supongo que tan respetable como la alegría porque las cosas vuelvan ser como fueron antes.
Mi reflexión es más sobre el riesgo de sobrevalorar el pasado y hacerlo selectivamente.
No veo los ríos como una tubería, ni adoro al hormigón, pero me opongo a que se considere inaceptable para los ríos cualquier acción humana que modifique sus características, porque primero habría que decidir cuáles serían sus características óptimas.