Me invitan a expresar en unas líneas “mi mirada” sobre la Presa de la Serena al cumplirse los primeros 25 años de su inauguración y quiero en primer lugar agradecer la oportunidad que se me brinda para rescatar de la memoria recuerdos de aquellos años en los que era Alcalde del municipio en cuyo término municipal se encuentra, al menos, la mitad de la Presa. Castuera.
Primero fue la polémica, el debate que propició la exposición pública de sus posibles ubicaciones alternativas y que dividió a la comarca. El entonces Alcalde de Peñalsordo luchó por una ubicación aguas arriba y fuera de nuestra provincia, su argumento era que de esa forma podrían ponerse en regadío tierras en nuestro territorio lo que sin duda hubiese sido estupendo, si estas tierras fuesen medianamente aptas para regar pero para desgracia nuestra la conocida como Real Dehesa de La Serena, lo único que pueden dar son los excelentes corderos y quesos que producen. No hay suelo. Una vez decidida la ubicación definitiva la polémica se elevo al ámbito nacional y recuerdo artículos en prensa –uno de ellos del propio Manuel Fraga- en los que se consideraba un despilfarro, una obra faraónica y que nunca se llenaría. Todas las desconfianzas se esfumaron cuando en el primer año casi se llena el embalse, dando la razón a los que conocían la capacidad de recoger agua de nuestro rio Zújar, como el ingeniero Barragán.
Recuerdo un paseo con Gonzalo Soubrier y otros concejales y técnicos del Ayuntamiento por los terrenos sobre los que iría el muro y, la verdad, no me pareció que allí se pudiese almacenar la enorme cantidad de agua que nos explicaban, esos montes escarpados con sus dientes de perro hacían difícil imaginarlo, pero siempre he creído en los técnicos y confiaba en que así sería.
Después vinieron los años de construcción, en los que Castuera y otros municipios se beneficiaron de lo que supone una obra de esta envergadura, y mis recuerdos se fueron a una visita que hice con mi padre cuando se estaba construyendo la presa del Zújar y la impresión que me causó ver tanta gente trabajando, es verdad que ya no se precisaban tantos trabajadores para este tipo de obras pero aún así se notó y mucho, vinieron los “sustos” de lluvias que desbordaban y hacían presagiar los beneficios futuros. Fueron buenos años, sin duda Castuera se benefició de ello.
A lo largo de mi vida he tenido que asistir a muchas inauguraciones pero nunca dos veces a la misma como pasó con la de la Presa de La Serena, efectivamente el día amaneció frío pero sobretodo con una gran niebla sobre el lago, a todos los invitados nos “formaron” debidamente como manda el protocolo Real, cuando se escuchó el motor del helicóptero que transportaba a los Reyes, fueron largos minutos de espera y comentarios hasta que comenzamos a oír cómo se alejaba. Se había suspendido el aterrizaje y por tanto la inauguración. El dos de febrero, día de la Candelaria y fiesta local tradicional en Castuera, fue el elegido para que, esta vez sí, los reyes inaugurasen oficialmente el gran embalse de la Serena. El mayor de la Península Ibérica decíamos con orgullo.
Reconozco que no fui realmente consciente del verdadero valor de esta obra, hasta que años después y como Consejero de Agricultura conocí al sector del regadío, los datos y las personas y el desarrollo que la agroindustria había experimentado en Extremadura en torno al regadío. No es posible imaginar que todo eso hubiese sido posible sin las garantías de agua que La Serena ofrecía.
Hasta entonces mi “interés” estaba en cómo podían beneficiarse los municipios de “aguas arriba” aquellos que habían visto inundadas las pocas tierras fértiles y a cambio no tenían contrapartidas, ni siquiera ese museo que la Reina prometió para recoger los restos arqueológicos de la zona, ni siquiera ese uno por ciento cultural, hubo que luchar y mucho para conseguir que al menos cobrasen el impuesto de bienes inmuebles y de actividad económica por la central hidroeléctrica, nos asociamos con otros municipios de España afectados y al final lo logramos. De momento.
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